Con jota y ve pequeña – El blog de Javier Ramírez


La Comunicación Estomacal
29 enero 2009, 09:18
Filed under: Reflexiones de pecho | Etiquetas: , , , ,

En todos los países del mundo, y desde siempre, la comida ha mantenido con vida al ser humano y alimentado su cultura (tradiciones, costumbres, identidades). Sin embargo, en estas latitudes cuartomundistas, la comida tiene, sobretodo, una dimensión social. Ha dejado de ser una mera herramienta para la subsistencia y se ha convertido en una forma simbólica de comunicación. Más allá de la comunicación verbal y de la no verbal, mi probable tema tesis: La Comunicación Estomacal.

Julia Corzas, en Maridos de Ángeles Mastretta, le dice a su tercer esposo: “lo mejor de una fiesta, son los preparativos y hablar, después, acerca de lo bien o mal que estuvo”. Seguro de que estarán de acuerdo con lo que Mastretta hace decir a Julia, pregunto ¿cuál es el criterio de calificación más importante para una fiesta? En un matrimonio, por ejemplo, que son más o menos todos iguales ¿no hacen la calidad y cantidad de la comida la diferencia? Yo creo que si.

Analicemos ahora algunos significados que pueden tejerse en torno a la comida y su relación con las personas. Debo aclarar que me baso en cómo creo que son las cosas, sin que eso signifique que las considere correctas.

1. Visitas Inc.

Visitar a familiares y amigos es algo común en cualquier lugar, pero en Ecuador tiene matices especiales. Por ejemplo, aquí uno no “está de” visita, uno “es” visita. Crecimos escuchando “tenemos visita”, “atienda a la visita” o “lárgate a bañar que vienen visitas”. Así, en nuestras cabezas, “la visita” se convirtió en un ente, en un acontecimiento social a veces temido pero siempre importante. A lo que iba, cuando eres visita (entiéndase: estás en una casa que no es la tuya) y llega la hora de comer, lo correcto es que se te ofrezca un plato de comida. Si los anfitriones no lo hacen, quedan como mal educados y de seguro lo contarás hasta que todos sepan lo descorteces que son en aquella casa. Si, por el contrario, te ofrecen y no aceptas, arde Troya, Creta y toda la maldita Mesopotamia.

Un simple “¿quieres almorzar?” desencadena siempre un complejo proceso comunicativo cargado de una profunda búsqueda de aceptación social por las dos partes involucradas. El Anfitrión comparte su comida como muestra de aceptación. La visita, al decir “no, gracias” no está renunciando a un plato de comida, está rechazando al Anfitrión.

2. Eres lo que comes

Hoy por hoy, lo que comemos y los lugares donde lo hacemos, dicen tanto de nosotros como lo que decimos o vestimos. No es lo mismo encontrarte a tu ex en un Friday´s, a que te vea saliendo de La Caraguay con un palillo de dientes en la boca.

Por otra parte, más allá de la calidad de los restaurantes, hay platos que están “in”, como el Sushi. No soy enemigo del Sushi, pero estoy seguro de que más de uno lo prefiere por su sabor social. 

3. Nuestro pan de cada día

En la oración número uno en la lista Billboard de los Santos, rogamos, todos los domingos, que no nos falte el alimento. Nos damos golpes de pecho para poder llenar la barriga, me resulta, de cualquier manera, menos reprochable que sacrificar bebés. Pero lo que nunca he comprendido, es esa especie de creencia popular que te prohibe arrojar comida a la basura, so pena de un porvenir de vacas flacas. 

Estoy en contra del desperdicio indiscriminado, pero si estoy lleno (la gula también es pecado ¿no?) y me sobró un poco de ensalada ¿porqué no puedo botarla a la basura? Aunque puede que a algunos les parezca raro, conozco gente a la que le resulta igual de grave echar comida a la basura que mentir o robar.

La comunicación estomacal va más allá de los límites entre el cielo y lo terrenal.

4. Hasta que la comida los separe

Al pensar en la mujer ideal, es casi seguro que sus destrezas en la cocina sean altamente valoradas por el hombre promedio. ¿Porqué? Porque la comida habla y quien sabe cocinar, domina el idioma más poderoso. Si la comida de la esposa no complace al marido (es muy poca, no sabe bien o está fría), este se sentirá poco amado por su mujer, y si ella, luego de haberse esforzado en su preparación, no obtiene un cariñoso “gracias” a cambio de su comida, creerá que su pareja no la valora.

Así, una cena se convierte en una larga conversación en la que nadie abre la boca más que para comer.

Porque sobran las palabras cuando hay un estómago vacío. 

Barriga llena, corazón contento. El idioma de los hambrientos: La Comunicación Estomacal.

 


1 comentario so far
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Ta bueno!!! Y me parece un excelente tema de tesis, super super oportuno.

Comentario por Mayra




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