Con jota y ve pequeña – El blog de Javier Ramírez


Buenos días mi señorita, matatiru, liru, la
17 septiembre 2009, 00:58
Filed under: Reflexiones de pecho | Etiquetas: , , ,

Como muchos, fui criado en el ceno de una familia tradicional que se encargó de impartirme buenos modales. Me enseñaron a no hablar con la boca llena, a pedir las cosas “por favor” y que “cuando los adultos hablan, los niños hacen silencio”.

Crecí respetando muchas de esas reglas, más por costumbre que por convicción y sin desvivirme por practicarlas a cabalidad. Si estaba despistado, era probable que olvidara decir “buenos días”, apoyara un codo por encima de la mesa u obviara un “gracias”.

Además decidí suprimir la aplicación de ciertas reglas como, por ejemplo, esa de decir “buen provecho” cuando alguien está ingiriendo alimentos. ¡Que tontería! ¿Para qué hacerlo? ¿Por qué? ¿Qué significa? Si te estás comiendo una menestra en mal estado, te va a mandar volando al baño, y ni todos los “buen provecho” del mundo podrán evitarlo. ¡Es así! Y además es irritante, porque obliga a la otra persona a ingeniárselas para tragar rápido y emitir un atorado “gracias”.

Pero bueno, a lo que iba. El hecho es que hace poco me enteré de que hay personas (en mi círculo laboral) que me tachan de “malcriado”, principalmente porque, dicen, no saludo.

De entrada, la palabra “malcriado” ya me produce cierta molestia testicular. Nadie se cría a si mismo y, por lo tanto, un malcriado es siempre resultado de una formación deficiente. En mi caso, se traduce en un “tus padres te criaron mal”.

De cualquier manera, me propuse replantearme todo este asunto de los malditos buenos modales y hacer el ejercicio de saludar a todo ser humano que se encuentre en un lugar al que yo llegue. Le dije “buenos días” al portero, a la recepcionista, a los mensajeros, a los tenderos y hasta al tipo que vende los pasajes de la Metrovía.

Hoy, dos semanas más tarde, llego a la conclusión de que a la gente le encanta que la saluden. Es cómo si les dijeras un halago. Te sonríen, te tratan mejor y todo es mucho más fácil. Aún no comprendo porqué, pero algo me dice que tiene que ver con el hecho de sentir que existen, de saberse reconocidos por el otro. No lo sé.

En fin, aunque para mí, la educación y el respeto siguen estando más allá de un “buenos días” y un “gracias”, voy a seguir repartiéndolos. No en defensa de la labor docente de mis padres, sino porque hay cosas que no van a cambiar y si las cosas funcionan bien así, pues que se queden así. Total, para lo que cuesta un “buenos días”.


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