Con jota y ve pequeña – El blog de Javier Ramírez


Lanzamientos
12 diciembre 2010, 01:53
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Siempre me han gustado las campañas de lanzamiento, ya saben, esas campañas que se hacen cuando llega algo “que va a cambiar tu vida para siempre”. Ser parte del nacimiento de una marca, dotarla de una imagen, de una voz… Es crear de la nada. Lo único mejor que eso que se me ocurre es ser padre… o convertirse en superhéroe.

Álvaro solía decirme “tú eres tu marca” en el sentido de que, como publicista, debo ser capaz de manejar mi imagen si quiero que alguien más me pague por manejar la de su marca. Desde entonces he intentado ceñirme a una estrategia, invertir en ella y procurar que todo lo que haga ayude a construir una imagen que me permita alcanzar los objetivos planteados. Ya saben, como todas las marcas.

Pero llegar a un país nuevo es volver a empezar, es lanzarte: nadie tiene un posicionamiento claro acerca de ti, no conocen tus atributos, ni los beneficios (tangibles o emocionales) que puedes proveerles. Tampoco están seguros de cuánto vales.

A simple vista tener que empezar desde cero suena a malas noticias: volver a crearte una imagen, volver a ganarte el cariño y respeto del mercado… Pero, pensándolo un poco más, he llegado a la conclusión de que esto puede ser bueno. Si todo es perfectible, ¿cuánto vale una segunda oportunidad de dar una primera impresión?

No he hecho una investigación formal pero es posible que mi imagen en Ecuador haya podido ser mejor. Dos amenazas de golpizas y una de demanda, no se ganan sin cometer algunos errores y, aunque siempre me he sentido como en casa en el papel de enfant terrible, puede que no sea lo más conveniente para mi marca.

¿O sí?

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Sobre el trabajo en equipo
21 agosto 2009, 12:38
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El trabajo en equipo es inherente a la publicidad. Salvo pocas excepciones, nada en esta industria se concibe como producto del trabajo de uno solo. Incluso en el más individualista de los casos se tratará, cuando menos, de una dupla. Si bien esto puede traer uno que otro problema, las ventajas de trabajar en equipo son mucho más significativas. Los grupos potencian las fortalezas y diluyen las debilidades de cada integrante. Las ideas son mejores al estar moldeadas por varias manos y más objetivas al ser analizadas desde varios puntos de vista. Lo que a uno puede resultarle excelente, otro puede juzgarlo como básico, ya haberlo visto o complementarlo. Hoy estoy convencido de esto, pero no siempre fue así.

Antes de ingresar a la facultad que pronto -espero- refrendará mi profesión de publicista, Enrique Rojas, el decano, me preguntó: ¿Qué tal te sientes trabajando en equipo?” Pésimo, le respondí. Y no mentía. El tener habilidades para la dirección de arte tanto como para la redacción, había llegado a convencerme de que no necesitaba de nadie más para llevar adelante una idea, campaña, aviso, etc.

Dos minutos más tarde, estaba firmando una especie de contrato según el cual me comprometía a poner todo de mi parte para aprender a trabajar en equipo. El tiempo pasó y la importancia que en un principio le di al acuerdo, también. Hoy creo que ese papel tenía más una función simbólica, pues nunca volví a tratar del tema con Enrique.

“Hagan grupos de cinco” eran las cuatro palabras que menos me gustaba escuchar. Más de una vez preferí hacerlo todo en tanto pudiera evitar las para mí inútiles reuniones. Recuerdo que algunos se peleaban por trabajar conmigo pues sabían el poco esfuerzo que les significaría conseguir un 10.

Con el tiempo, los parásitos fueron quedándose atrás y compañeros decididos en participar fueron apareciendo. Entre conversaciones y discusiones por Messenger, di mis primeros pasos en el verdadero sentido del trabajo en equipo.

Pero no fue hasta que participé en el Cóndor de Oro Estudiantil cuando pude ver con mis propios ojos como una idea -que luego resultó ganadora del primer lugar- evolucionaba, crecía, mejoraba con los aportes de cada uno de los integrantes del equipo. Unos llevan mayor mérito que otros, pero todos participamos a tal punto que, al final, era imposible identificar a quién se le había ocurrido. Entonces comprendí que se nos había ocurrido a todos, que se le había ocurrido al equipo.

Hoy, todavía prefiero sentarme a pensar a solas antes de discutir ideas con mi director creativo o con alguno de los directores de arte, pero sé que ese segundo proceso es capaz de convertir una buena idea en una brillante.



DE ORO
11 agosto 2009, 21:54
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Ya hace más de una semana que concluyó la edición 2009 del Cóndor de Oro, el premio más importante (sino el único) a la creatividad publicitaria en el Ecuador, sin embargo no había tenido tiempo para comentar al respecto.

Como agencia, nos fue bastante bien. Un buen número de las piezas que inscribimos clasificaron al shortlist y, el día de la premiación, nos trajimos un total de 5 estatuillas (tres platas y dos bronces) y 11 diplomas. Además (y este fue el logro más importante) escalamos un puesto en el ranking oficial de la Asociación Ecuatoriana de Agencias de Publicidad, que nos ubicó como la tercera agencia más creativa del país.

Pero mejor que todo eso, mejor que los workshops, mejor que las fiestas (en el Cóndor lo que más se hace es chupar y comer) e inclusive mejor que los dos cóndores que ahora adornan mi carpeta, fue la oportunidad que tuve de resarcir ciertas cagadas, de limar asperezas (valga el lugar común) con algunos colegas de los que me separaban malentendidos absurdos.

Después de todo, creo que la edición 2009 del Cóndor de Oro, valió cada uno de los ciento y pico de dólares que me costó.



La cucaracha ya no quiere andar en buseta
10 agosto 2009, 14:41
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Cuentan que Franz Kafka, uno de los más importantes referentes de la literatura mundial, nunca escribió con pretensiones literarias. Tuvo una vida sombría, marcada por enfermedades y un trabajo que odiaba. Y fue la necesidad de desfogar sus frustraciones y sufrimientos lo que lo llevó a escribir. Es así como, del hecho de sentirse una cucaracha, surge Metamorfosis, uno de sus cuentos más conocidos.

Pablo Romanos*, sobre lo anterior dice: “¿Qué es lo que hace que alguien sea Kafka y otro no? Alguno se toma una aspirina y otro escribe un cuento. Alguno escapa a lo que siente y otro se relaciona con lo que siente. Y, al relacionarse con lo que siente, la obra sucede sola.” Y agrega: “Al final, si uno cuenta quién es uno, qué le pasó, qué siente, qué piensa (…) el consumidor inevitablemente va a responder: a mi también me pasó, yo siento lo mismo o yo no siento lo mismo…pero va a responder.”

Es por todo lo anterior por lo que el comercial de la promoción de Galletas Ricas me resulta, con mucho, el mejor trabajo en el que he participado. Más allá de que sea o no un buen comercial o de lo perfectible que –como todo- pueda ser, es un guión que surgió de las largas horas que he viajado en bus, de los personajes con los que a diario me encuentro y sobretodo de la sensación de que pasas tanto tiempo ahí que llegas a sentirte parte de ese pequeño sistema.

Siempre quise contar una historia acerca de lo que significa andar en buseta en nuestro país y, aunque es un comercial y no un corto ni una novela, me siento satisfecho.

* Profesor de la Escuela Superior de Creativos y Head of Art de Young&Rubicam, Agulla&Baccetti y EuroRSCG



Redactor de poca fe
31 marzo 2009, 23:54
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Buenas nuevas. En la más reciente entrega del Festival Caribe, ganamos un plata en radio. Es mi primer premio internacional y para que la felicidad no se me suba a la cabeza (porque ya no me cabe en el pecho) la subo al blog. Se trata de tres cuñas que realizamos en la agencia con la colaboración de Coda Producciones y el apoyo del IMAX, que pese a no ser cliente nuestro (la cuenta pertenece a Norlop JWT) nos abrió las puertas para realizar una campaña en contra de la piratería.

Las cuñas, son de una simpleza enorme y, si bien no confiaba mucho en ellas, nos sorprendieron a todos llevándose el mayor premio en un rubro en el que quedó desierto el primer lugar.

Star Wars + Indiana + Misión Imposible

Lo mejor de ganar premios, más allá de lo mucho que pesan en una carpeta, es que proveen a las piezas esa objetividad tan esquiva en este negocio. Ahora quienquiera puede decir que no le gustan, que le parecen un asco y todas esas cosas que más de uno (por cualquiera que sea su motivación) opina acerca de mis piezas. Sus opiniones, como siempre, serían respetadas, pero sería su palabra contra la de un jurado compuesto por varios profesionales del medio con mucha experiencia y muchos premios.

Por otra parte, y siguiendo con el tema de los festivales, la agencia decidió enviar a Cannes, la pieza de Salsa de Tomate Maggi. Seguramente ya la han visto, pero aquí pueden apreciar el resultado final de cómo quedó luego de que la produjimos, ahora sí, con todas las de ley. Y bueno, la pobre compite solita en el rubro de alimentos, uno de los más competitivos y además, es CANNES, creo que eso hace flaquear a cualquiera, a menos claro, que seas Raposo, Cabral, Ponce o cualquiera de sus amigos (en cuyo caso aprovecharía para decirte lo mucho que admiro tu trabajo.)

Pero ahí estamos. Total, cruzar los dedos previene la artritis.



Sweet&Coffee
9 marzo 2009, 06:22
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Siempre he creído que las semanas deberían empezar en martes. Pero hoy ha sido, valga el oxímoron, un lunes divertido. En la agencia estamos trabajando en una licitación bastante grande. Y ello me ha permitido el honor de trabajar de cerca con David Bamballi, DGC de la agencia, además de con Álvaro, con quien llevo laburando (como dice David) casi 9 meses.

Brief en mano, nos dirigimos a un café de moda y nos pusimos a conversar. Ideas fueron y vinieron y mientras me preparaban el segundo cappuccino sin crema, pensé en cuánto me gustaba mi trabajo. Le di gracias al señor (mesero) por el café antes de preguntarme ¿existirá un trabajo mejor que este? ¿podría dedicarme a otra cosa si no fuera publicista? Entonces sentí de nuevo esa lástima que siento cada vez que pienso en estas cosas. Lástima por los millones de miles de cientos de personas que odian su trabajo y que su única alegría radica en la certeza de dos días de descanso al terminar la semana y un cheque cuando se acabe el mes.

Y es que el negocio de la creatividad podrá ser poco comprendido, superficial hasta la náusea y menos justo que un juez de la corte suprema ecuatoriana pero lo que no puede negársele es su naturaleza relajada y poco monótona. Que te paguen por pensar suena casi tan bien como que te paguen por probar colchones, no es tanto así, pero hay días en los que este me parece el mejor trabajo del mundo.



Apropósito de sus comentarios
6 diciembre 2008, 01:38
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Quisiera, ahora que por fin he encontrado un espacio libre en mi apretada agenda de creativo, estudiante y streapper profesional, contarles algo bueno. Decirles que me gané un premio, que me aprobaron otra gran campaña o que el presidente de la agencia se aprendió mi nombre. Pero no solo que nada de eso ha sucedido en los últimos días sino que además, me veo, mejor dicho me siento en la obligación y no me siento de sentarme sino de sentirme, porque si me sentara significaría que no me importa, y sus comentarios sí que me importan.

Tanto las tonterías que escribo como las piezas de mi portafolio, han recibido varios comentarios que, para efecto de análisis, he clasificado en tres tipos: Los positivos, aquellos que dicen que todo les encanta y los que realmente no me sirven de mucho. Los críticos, que apuntan mis aciertos pero sobretodo mis errores, son los más útiles y los que más agradezco. Y por último están los ofensivos, esos que solo buscan hacer daño con frases del tipo: “vales verga”, “tu trabajo es un asco” y la siempre dolorosa pero jamás efectiva “dedícate a otra cosa”. Como en este blog, el único que puede decir malas palabras y ofender a otros soy yo, ese tipo de comentarios no son y, salvo que contengan una crítica constructiva, no serán jamás publicados.

Así que, si eres uno de los infelices (que no le hace feliz lo que hago, nunca un insulto) que cree que puede descargar su frustración laboral en mi blog, que se siente en el derecho de andar por ahí insultando y diciendo, sin argumentos, que el trabajo ajeno es una porquería, puedes estar seguro de que en lo que tengas que decir, sí me voy a sentar.